2.2.1 Tipo de Narrador Según el Grado de Conocimiento
Como recién mencionamos, un narrador puede tener un conocimiento total o parcial de la historia y según la forma en que queramos contar la historia podemos elegir uno u otro. Si bien sólo la experiencia nos mostrará las bondades o dificultades que ambos pueden presentar, a continuación intentaremos dar una pequeña reseña de cada tipo de narrador.

NARRADOR OMNISCIENTE.

Características
1. Tiene un conocimiento total de la historia y sus personajes: pasado, presente y futuro, por lo tanto tiene un dominio absoluto de los acontecimientos y su evolución.
2. Conoce el exterior de los personajes (cómo son físicamente, qué hacen, cómo lo hacen) así como también su interior (qué sienten, qué piensan, qué creen).
3. Se introduce en la mente de los personajes y muestra al lector la visión de cada uno de ellos respecto a las diferentes situaciones o al resto de los personajes.
4. Utiliza la tercera persona.
5. Podría, en ocasiones, hacerse tan cercano al personaje que al lector le puede parecer que está hablando en primera persona.

Ejemplo
Para ejemplificar este tipo de narrador y los que explicaremos más adelante, avanzaremos desde los orígenes del hombre hasta la época actual y nos trasladaremos desde aquellos inexplorados senderos hasta un barrio, quizás marginal, de una ciudad cualquiera, donde un niño al que llamaremos Juan camina por el borde de un río hacia una cancha de fútbol. Va feliz, más feliz que cualquier día porque la patrona de su madre le ha regalado unas zapatillas. Un regalo que él jamás habría soñado, porque no sólo son nuevas, sino que además son de fútbol. Por eso camina muy rápido, para llegar pronto a la cancha y mostrarle a todos sus nuevas zapatillas. Pero de pronto mira hacia abajo y ve, en una saliente del río, a un perro. Veamos, entonces, el ejemplo:

"Juan camina de prisa para llegar a la cancha con el tiempo necesario para poder mostrar a sus amigos las zapatillas nuevas. Su pecho se hincha de orgullo y de expectativas. Va por la vereda, al costado del río, cuando ve al perro. Es pequeño, blanco y está muy sucio debido al lodo que lo cubre. Se encuentra en una pequeña saliente y el agua casi lo alcanza. El niño no le da importancia, porque de cuando en cuando, alguno baja hasta la orilla para luego trepar por la ladera. Además, no tiene tiempo para detenerse. Si se retrasa y llega una vez iniciado el partido, no será igual. Todos estarán concentrados en el juego y no prestarán atención a sus zapatillas. No. El efecto no será el mismo. Al cruzar el puente, aunque se resiste, vuelve a mirar hacia abajo. El perro continúa allí, inmóvil, con los ojos fijos en él. Tiene la cola entre las patas, las orejas apegadas a la cabeza y desde allí, Juan puede ver, con claridad, que tiembla. Observa el lugar. Hay un sendero natural, que se interrumpe abruptamente. Las paredes son altas, pronunciadas y tienen muchísimo lodo debido a la lluvia de la mañana. Seguramente el perro ha resbalado y caído en la saliente. El pobre animal está atrapado, no tiene por donde subir. Juan suspira confundido. No quiere detenerse, pero tampoco puede dejarlo ahí. Si vuelve a llover, el agua lo arrastrará".

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Texto: Los Laberintos del Cuento
Autor: Mª Teresa Espinoza González, Gloria Alegría Ramírez
Fuente: Taller Literario La Otra Orilla
http://tallerliterariolaotraorilla.blogspot.com/





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