Hechizos
Gloria Alegría Ramírez
Inevitablemente todos los príncipes que la princesa conocía, al poco tratar con ella y sin darle explicaciones, la dejaban. De nada servían sus ruegos, las lágrimas, las promesas de fortuna y poder. Después de tanta humillación, su padre, el rey, ordenaba ir por ellos y decapitarlos para castigar la ofensa y ahí terminaba la historia. Al menos para él, que era un rey demasiado ocupado para darle más tiempo a las cosas del corazón. La princesa en cambio lloraba durante meses sin poder entender su mala suerte. Entonces se dijo que quizás su príncipe, su verdadero príncipe, su amor, no estaba entre los hombres sino esperando por su beso, convertido en un sapo, por la acción malvada de alguna hechicera. Desde ese momento su vida cambió. Dejó de bordar por las tardes y no siguió las clases de baile. Comenzó a pasearse cerca de la laguna que estaba a un costado del palacio. Cuando veía a un sapo, por insignificante que fuera, lo atrapaba y lo besaba, y aunque aquello la dejaba con náuseas y deseos de vomitar, justificaba tan desagradable tarea la esperanza que el artificio se rompiera y apareciera su buen amado. Pero el tiempo pasó y pasó y ningún sapo de la laguna dejó de serlo para convertirse en su príncipe soñado. Entonces fue en busca de otras aguas, de pozos, estanques, charcos. Después de más de un año y de decenas, de cientos, miles de besos, tuvo la certeza. Nunca iba a encontrar a su príncipe anhelado. Entonces tomó una decisión. Al día siguiente y por última vez, lo iba a intentar. Saldría en la madrugada, buscaría un charco cualquiera y besaría al primer sapo que se le apareciera. Si otra vez nada sucedía se confinaría en un convento terminando así con la esperanza de ser una princesa feliz. Y así lo hizo. Antes de que amaneciera salió hacia las afueras de palacio. Casi al llegar a la gran laguna que lo rodeaba vio a un sapo sentado en una piedra. La miraba fijamente. La princesa ilusionada dirigió sus pasos hacia él, pidiendo al cielo que sus ruegos se hicieran realidad. Su sorpresa fue enorme cuando el animal se abalanzó hacia ella y la besó en los labios. Lo hizo con tal pasión que enseguida la princesa se dio cuenta de que había encontrado al amor de su vida. El corazón palpitó veloz en su pecho y su mente dibujó al príncipe perfecto esperado por tan larguísimo tiempo. Pensó que ese beso había valido tan larga espera, más cuando abrió los ojos se encontró enfrente de ella al mismo sapo, pero ahora mirándola con ojos enamorados.
-¡Qué maravillosa es la vida! – escuchó que decía croando a los cuatro vientos, dando saltitos de contento. - ¡Por fin después de tanto tiempo te he encontrado! ¡Es cierto, es verdad lo que se cuenta en las profundidades!
Sin poder entender lo que sucedía, y presa del desconcierto, la princesa quiso alcanzar al animal para que le explicara qué estaba sucediendo. Casi al borde del espanto se dio cuenta de que estaba saltando. Entonces fue cuando vio su reflejo en el agua verde de la laguna. Se había convertido en rana.

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Fin
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Cuento: Hechizos
Autor: Gloria Alegría Ramírez
Fuente: Taller Literario La Otra Orilla
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